EL ORGULLO DE UN NOMBRE
No sabemos
si cuando, en 1876, inició su andadura, don Blas Aguilar,
era consciente de estar creando una sólida estructura familiar
estrechamente ligada a un nombre, aunque a tenor de la historia,
parece que sí. Pero para conseguirlo no ha bastado con
la voluntad.
Han hecho falta 129 años de continuado
esfuerzo y tesón, por anticiparse y prever acontecimientos,
por dominar la adversidad y hallar la forma de garantizar la continuidad.
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